Pamela sostenía la taza de té entre las manos, sin probar una sola gota. Su mirada, fija en la ventana del estudio de Étoile, se perdía entre las sombras que se alargaban con la llegada de la tarde. Desde su encuentro en la galería, donde reconoció aquel rostro tras el velo —una mujer que creía perdida para siempre—, su mundo no había vuelto a ser el mismo.
Cristhian la había acompañado esa noche en un silencio protector, sin preguntas, solo cercanía. Pero ambos sabían que no podían seguir igno