La noche caía sobre la ciudad con un aire gélido que parecía arrastrar consigo presagios oscuros. Las farolas iluminaban las calles con destellos débiles y amarillentos, mientras un murmullo distante de motores y pasos apresurados se mezclaba con el viento. En una de las torres más imponentes del centro, un salón de paredes oscuras y ventanales altos se mantenía iluminado con un resplandor tenue. El aroma a madera añeja y a coñac llenaba el ambiente.
Iván Ferreira estaba sentado detrás de un es