El silencio de la casa era engañoso. Desde afuera, parecía un refugio cálido y tranquilo, pero dentro de esas paredes, la tensión se palpaba como una cuerda a punto de romperse. Pamela caminaba de un lado a otro en la sala, con los brazos cruzados y la mirada fija en la puerta principal. La luz de la tarde se filtraba por las cortinas, proyectando sombras largas que parecían estirarse sobre el suelo como si quisieran advertirle de algo.
Cristhian había salido temprano con la promesa de volver a