La ciudad seguía latiendo bajo el cielo grisáceo cuando Pamela despertó en el penthouse de Cristhian. Las sábanas de satén aún conservaban el aroma de su piel, y aunque su cuerpo recordaba el calor de él a su lado, el espacio a su alrededor estaba vacío.
Se incorporó lentamente. El eco del silencio era casi inquietante. Salió al salón principal, donde la luz de la mañana se colaba a través de los ventanales, y lo encontró allí: de pie, con el ceño fruncido, hablando por teléfono en un idioma qu