Una hora después, la oficina del CEO de Trident Marine Holding estaba sumida en un silencio absoluto.
Liam permanecía sentado detrás del imponente escritorio de nogal oscuro, con los ojos fijos en los informes esparcidos frente a él, aunque en realidad no los veía.
Los dedos tamborileaban sobre la superficie con una cadencia precisa, casi mecánica. El sonido seco resonaba en el ambiente elegante y minimalista, como un recordatorio irritante de aquello que más detestaba: haber perdido el control