Liam permaneció en silencio, observando. La mirada dura, fija, pero la respiración lo traicionaba. Intentaba mantener el control, pero lo estaba perdiendo, segundo tras segundo.
El agua corría entre ellos, caliente, densa. Olívia pasó el jabón por su pecho, subiendo hasta los hombros, y murmuró con una sonrisa ladeada.
—¿Sabes, Liam…? —comenzó, con un tono suave y burlón—. Creo que ya es hora de mostrarte lo que es ser una esposa perfecta, aunque todo esto sea una farsa.
Él arqueó las cejas, pe