Edgar abrió la cajita.
El anillo no era solo hermoso; era una historia moldeada en metal. La banda, de oro blanco, trazaba una línea continua, sin principio ni final, levemente entrelazada, como dos caminos que se habían separado… y se habían encontrado otra vez.
En el centro, un diamante ovalado, firme y luminoso, representaba el amor que permaneció incluso después del dolor. Justo debajo, casi imperceptible, un pequeño diamante invertido, engastado en la base interna de la banda. Invisible pa