Liam la miró fijamente, sin parpadear, la mandíbula tensa ante el atrevimiento de ella.
—Estás delirando —respondió, seco, aunque la voz le salió más ronca de lo que pretendía.
Ella dio un paso atrás, sonriendo de lado.
—Ese comportamiento tuyo es de quien tiene sentimientos, Liam. Me amas —dijo, casi en un susurro—. Solo te advierto una cosa: cuando decidas aceptar lo que sientes, puede que sea demasiado tarde. Porque yo no soy solo tuya. —Tomó aire, se acomodó el cabello—. ¿Y sabes qué? Pue