Dos horas después de la consulta, Olívia ya estaba en la mansión. Acababa de salir de la ducha. Se recogió el cabello en un moño, ajustó con firmeza el cinturón del albornoz y respiró hondo. El aroma del jabón aún dominaba la habitación. Tomó la crema hidratante y la dejó sobre la mesa. Iba a empezar a aplicarla en las piernas cuando la puerta se abrió sin aviso.
Liam entró. Como siempre, sin llamar.
—¿Voy a tener que empezar a cerrar la puerta con llave para que aprendas a tocar? —preguntó ell