El portón de la mansión se abrió en cuanto el coche de Liam se detuvo frente a la entrada principal. La fachada imponente de la propiedad apareció ante ellos. Columnas de mármol, ventanales amplios y una escalinata que parecía conducir no solo a la casa, sino a otro mundo.
Olívia respiró hondo, observando la mansión por la ventana. El nerviosismo le subía por la garganta como un nudo apretado.
Liam la miró de reojo, el semblante sereno, la voz firme.
—¿Todo bien?
Ella forzó una media sonrisa, i