Ísis frunció el ceño, pensativa.
—Eso ya es sospechoso, ¿sabes? —dijo despacio, como si pesara cada palabra—. Ningún hombre… y menos alguien de su nivel… va por ahí repartiendo tarjetas de crédito. No le da acceso a su propio dinero a cualquiera.
Inclinó levemente la cabeza, analizando a Olívia.
—Podría haberse ido y fingir que nunca exististe. Que fuera solo una noche y ya. Pero prefirió asegurarse de que tuvieras algo… —esbozó una media sonrisa irónica— aunque fuera un pretexto para mantener