Una expresión suave apareció en el rostro de Olívia por primera vez aquella noche.
—Gracias a Dios está tranquila. —murmuró con ternura, mientras sus ojos se humedecían levemente—. Pensé que iba a extrañar la casa… pero la camiseta de Mozão y su perfume ayudaron muchísimo.
Sus ojos brillaron de inmediato al hablar de él.
—Le encantaba dormir sobre el pecho de su papá. —dijo bajito, acariciando distraídamente la mantita de Meredith—. Ahora duerme abrazada a su camiseta.
Una sonrisa triste curvó