Los coches se detuvieron frente a los altos portones de hierro. El internado parecía más pequeño de lo que Laura recordaba. Las paredes antiguas seguían del mismo tono crema, el jardín bien cuidado, las ventanas alineadas. Nada había cambiado.
Laura bajó del coche lentamente. Edgar tomó su mano de inmediato. Firme. Protector. Liam cerró la puerta con una fuerza contenida. Olívia observaba todo en silencio, con el instinto maternal ya en alerta. Alex, siempre estratégico, analizaba cada detalle