Después de unos segundos, soltó una de las manos del volante y la posó en la pierna de ella. Apretó. Firme. Olivia giró despacio el rostro. Él la miró un instante y volvió la atención al tráfico.
—Deja de llorar, mi vida… —pidió, la voz más baja que antes—. Déjame encontrar un sitio para parar.
Llevó la mano de ella a sus labios y comenzó a besarle los dedos una y otra vez. Como si pidiera perdón sin palabras. Entró en un aparcamiento casi vacío.
Liam detuvo el coche. Apagó el motor. Se quitó e