Antes de que pudieran continuar, la puerta se abrió con un leve empujón apresurado. Y el ambiente denso se rompió.
Luna entró radiante. El vestido de dama era delicado, de tul blanco con pequeñas aplicaciones de flores bordadas dispersas por toda la tela. La cintura estaba marcada por una suave banda de satén, formando un lazo al frente y otro en la espalda. El tejido tenía un movimiento ligero, creando pequeñas ondas con cada paso.
Sus rizos oscuros caían sueltos, bien definidos, enmarcando su