Ísis se llevó la mano a la boca, conmocionada. Su pecho se elevó bruscamente, como si el aire se hubiera vuelto demasiado pesado para respirar.
Edgar tragó saliva.
—Mi hermano luchó por vivir… pero no resistió —dijo, bajando la mirada un instante, como si aún viera aquella escena frente a él—. Tú sobreviviste con mucho esfuerzo.
Ísis no podía parpadear. Ni siquiera mover los dedos. Edgar continuó, y su voz se volvió más áspera… no por rabia, sino por memoria.
—Mientras tanto… mientras tú estaba