Ísis se quedó en silencio. Un silencio demasiado largo. Miró a Edgar como si intentara ver a través de él, como si su mente estuviera luchando por aceptar aquella posibilidad.
El apartamento parecía más pequeño. El aire, más pesado. Alex no dijo nada. Solo mantuvo la mano sobre la rodilla de ella, firme, como un ancla.
Laura tampoco se movió. Edgar sostuvo su mirada, tenso, como si ya se hubiera arrepentido de haber abierto aquella herida… pero fuera demasiado tarde para retroceder.
Después de