Ísis escuchaba hipnotizada.
—Nos quedamos afuera esperando —continuó Edgar, con la mirada perdida—. Ese día me estaba muriendo de hambre.
Su voz volvió a temblar.
—Cuando el señor Frederico salió, nuestro padre comenzó a gritar su nombre… agitando la billetera en el aire. —Edgar levantó la mano, repitiendo el gesto del pasado—. Eso llamó su atención. Les ordenó a los guardias que dejaran acercarse a nuestro padre.
Laura apretó la mano de Edgar, orgullosa y emocionada.
—Entonces le entregó la bi