Henrique se acercó con una sonrisa cortés y abrazó a Laura con cuidado.
—Felicidades, querida —dijo, con sinceridad—. Te deseo mucha salud, sabiduría y felicidad. Que este bebé los una todavía más. —Sonrió con ligereza, pero de forma genuina—. Los hijos dan dolores de cabeza… pero son una bendición.
Alex apareció enseguida, con expresión seria.
—¿Qué me perdí? —preguntó, mirando de uno a otro.
Edgar respondió, todavía con la sonrisa pegada en la cara, como un hombre que no había terminado de ba