Laura le lanzó una mirada con una sonrisa amable, como quien intentaba salir airosa.
—Henrique, ignóralo —pidió, señalando con la barbilla hacia Edgar—. Les encanta difamarme. Yo soy una chica decente.
Edgar ladeó ligeramente la cabeza, conteniendo la risa, y apretó los labios como si tratara de no provocar… pero no pudo resistirse.
—¿Chica decente? —repitió, con un tono divertido.
Laura se giró hacia él, seria.
—Ni se te ocurra abrir la boca —advirtió.
Olivia e Isis estallaron en carcajad