Una semana había transcurrido. La recepción de Trident Marine conservaba el mismo aroma de siempre: sofisticación, poder y un silencio caro. Bárbara cruzó las puertas de cristal como si aún fuera la dueña del lugar.
Vestía un conjunto impecable, el pelo perfecto, maquillaje discreto pero calculado para impactar. El tacón resonaba en el mármol, atrayendo miradas lo justo para que varias cabezas se giraran. La recepcionista la reconoció al instante.
Y se quedó helada.
—Buenas tardes… —la voz sali