Ísis se quedó sin aire. El pecho le subía y bajaba a toda velocidad. Se pasó la mano por el pelo en un gesto descontrolado, como si quisiera arrancarse de raíz aquella historia.
—¡Se enfureció! —gritó entre lágrimas—. ¡Porque quiso sujetarme a la fuerza!
Alex se quedó paralizado un segundo. Ísis siguió hablando, las palabras le salían atropelladas, desesperadas.
—¡Quiso acostarse conmigo a la fuerza! —gritó—. ¡Pero le di una patada justo ahí! Dijo que se iba a vengar. —Temblaba de pies a cabeza