Savana estaba en el salón, hojeando una revista, cuando Alex entró con la cajita pequeña en las manos. Su forma de caminar, normalmente segura, parecía distinta… como si llevara algo demasiado grande dentro del pecho.
—Mamá… —la llamó, deteniéndose frente a ella—. Compré este anillo para pedirle matrimonio a Isis. ¿Crees que le va a gustar?
Savana se quedó inmóvil un segundo. Luego, su rostro se iluminó de una manera tan espontánea que Alex casi soltó una risa.
—Hijo mío… ¡no puedo creer que