Alex sonrió. Pero no fue una sonrisa burlona. Fue una sonrisa satisfecha, plena. Apoyó el codo en la mesa y se acercó un poco más.
—Qué bueno saberlo… —dijo, girando despacio la copa entre los dedos, con un brillo peligroso en los ojos—. Que poco a poco estoy derribando las barreras que levantaste desde que nos conocimos.
Ísis apretó los labios, intentando mantener la compostura… pero sus ojos brillaron. Alex continuó, con la voz cargada de provocación.
—Esa es la ventaja de ser un conquistad