Olga sonrió con ternura y llevó la mano al brazo de Olívia en un gesto cariñoso.
—Ve, hija mía… —dijo con dulzura—. No te apures. Una embarazada termina yendo al baño a cada rato.
Ana soltó una risita baja y asintió con la cabeza.
—Es verdad —añadió, afectuosa—. El cuerpo ya empieza a dar señales.
Olívia se lavaba las manos frente al enorme espejo, observando su propio reflejo con una leve sonrisa satisfecha, cuando oyó el clic de la puerta cerrándose detrás de ella.
Antes de que pudiera darse