Solo cuando doblaron la esquina dejaron de escucharlo.
Santiago se detuvo y miró a Camila.
—¿No confías en mí?
Le había dicho más de una vez que Antonio terminaría suplicándole que volviera al hospital.
Pero parecía que ella no lo había tomado en serio.
Al ver la decepción en sus ojos, Camila respondió, preocupada:
—No es eso. Solo pienso que todo empezó por mi culpa y quería...
Santiago la sujetó suavemente de ambos brazos.
—Confía en mí esta vez. Sé cómo resolverlo.
Lo dijo con tanta seriedad