—Por supuesto. Hombres tan fieles como yo no abundan en Puerto Cendal.
El mesero soltó una risa incómoda y se retiró.
Como si temiera que Camila no le creyera, Héctor se apresuró a aclarar:
—No te dejes llevar por lo que dicen de mí. Date la oportunidad de conocerme y vas a ver que sé amar de verdad.
Camila alzó la vista.
No respondió ni mostró ninguna emoción especial.
Héctor suspiró ante su indiferencia.
—Ya te darás cuenta de lo bueno que soy.
Le rodeó los hombros con un brazo y siguieron ava