En realidad, le dio cierta satisfacción ver que Héctor los había hecho enojar.
Sin dedicarles una mirada, se volvió hacia Héctor.
—Vámonos.
Héctor se acercó enseguida y le rodeó la cintura.
Inclinó el rostro hacia su cabello y aspiró el aroma dulce del champú.
Entrecerró los ojos, disfrutándolo unos segundos.
—Vamos.
Su cercanía resultaba abrumadora.
Camila intentó apartarle la mano, pero él la apretó más contra sí.
—Nos están viendo. Déjame quedar bien, aunque sea un poquito.
Camila bajó la man