Ninguno de los dos decía nada.
El silencio resultaba incómodo.
Pero Camila había tenido que esforzarse demasiado para conseguir aquel momento a solas.
Decidió hablar primero.
—¿Podemos conversar?
No pretendía suplicarle.
Solo quería saber si Mateo estaba dispuesto a escucharla.
Si no, tampoco pensaba perder más tiempo.
Él la miró con serenidad.
Después de unos segundos, preguntó:
—¿De qué?
Camila fue al grano.
—Los problemas que Rafael y Wendy han tenido en el trabajo... tú estás detrás, ¿verdad