Héctor siempre era así. Actuaba como si nada pudiera frenarlo.
Aunque Camila estuviera casada y tuviera una hija, no perdía oportunidad de insinuársele.
Seguramente sería capaz de coquetear con cualquier hembra que se le cruzara, sin importar la especie.
¿Qué tanto se podía confiar en las palabras de un hombre así?
Pero, fuera como fuera, la había ayudado.
Camila nunca había olvidado esos favores.
Estaba encogida en una esquina del asiento, con el cuerpo de Héctor bloqueándole el paso.
Tenía un