Arriba, Isabella estaba sentada en la orilla de la cama, con Camila de pie frente a ella.
Después de desahogarse, Camila empezó a arrepentirse.
Por muy mal que se hubiera portado, Isabella seguía siendo una niña.
Camila quiso abrazarla, pero en cuanto se inclinó hacia ella, Isabella la empujó con todas sus fuerzas.
Al mismo tiempo, le gritó furiosa:
—¡Ya no quiero que seas mi mamá! ¡Eres mala! ¡Lárgate de aquí!
Camila no supo de dónde había sacado Isabella tanta fuerza, pero el empujón la hizo r