Se lo preguntó con suavidad, sin mostrar enojo ni alterarse.
Por un instante, Isabella se quedó desconcertada.
Parecía que la Camila cariñosa de antes había regresado.
Bajó la guardia y respondió con sinceridad:
—Sí.
Camila esbozó una leve sonrisa.
—Entonces, ve por tus cosas. Yo te llevo.
Que aceptara tan fácilmente la hizo sentirse incómoda.
—Pero mi papá dijo que...
Camila no la dejó terminar.
—Si quieres volver, volvemos. Yo te llevo.
Si estar ahí la hacía tan infeliz, ¿para qué obligarla?
Y