Lo que se logra a la fuerza nunca resulta bien, y además, Camila ni siquiera tenía la capacidad de mantener con vida ese matrimonio.
Aunque ella no pidiera el divorcio, en cuanto naciera el segundo hijo, Mateo terminaría planteándolo de todas formas.
Pero ella ya no quería seguir siendo esa herramienta de reproducción, ni tampoco quería seguir siendo ese pájaro enjaulado.
Al ver a Camila llorando, Santiago también se sintió mal por dentro, y sin saber qué más hacer, se limitó a consolarla y seca