Aunque en su interior pensaba con maldad en aliarse con papá para dejar a mamá fuera del club, ante Valentina, Isabella no pudo evitar poner su carita más dulce.
—Valentina, estoy bien. Solo quería escucharte tocar el piano.
Valentina, al oírla, sonrió con dulzura:
—Justo esta noche tengo un concierto. ¿Qué tal si le llamo a una amiga para que les guarde dos entradas, a ti y a papá?
Isabella se puso feliz y empezó a aplaudir:
—¡Sí, sí! Eres la mejor.
Y sin más, se lanzó a abrazarle el cuello a V