El corazón de Ana pareció saltarse un latido ante el gesto de Gabriel.
Permaneció inmóvil, sus hermosos ojos reflejando la alta y elegante figura de Gabriel.
La mano del hombre pasó frente a ella, apartando suavemente un mechón de pelo de su frente para colocarlo detrás de su oreja.
Sus dedos rozaron su mejilla, provocándole un hormigueo.
Las largas y curvadas pestañas de la mujer temblaron ligeramente.
Esta escena enfureció a Mariana, cuyos ojos reflejaban la misma envidia que los de Isabella.