Lo intentaron varias veces.
Mateo no estaba satisfecho con ninguna.
La sonrisa de Isabella se veía peor que si estuviera llorando, con una expresión rígida, ¿dónde estaba la dulzura?
Si alguien más viera las fotos, ¡probablemente pensaría que había sido secuestrada!
La tormenta en los ojos de Mateo se intensificaba cada vez más, toda la atmósfera del estudio de maquillaje se volvió opresiva.
La maquillista miró a Isabella con lástima y no pudo evitar decir:
—Señorita Ramírez, relájese, no se pre