Louis estaba en la cocina cuando llegaron a su casa esa noche sin poder esperar ni un segundo más para contarle lo que estaba pasando. Cyrus era el más emocionado y desesperado por contarle. De hecho, él habría querido gritarlo a los cuatro vientos y quiso llamar al ginecólogo de Stella para hacer una cita para la primera ecografía. Ella tuvo que recordarle que era de noche y que en la clínica no trabajaban de noche. Entonces él insistió en que debían venir cuanto antes a contarle a Louis.
Stella supo que él estaba en la cocina incluso antes de verlo: el aroma del té calmante recién hecho, que él siempre tomaba antes de dormir, y ese sonido particular de la radio baja, sintonizada siempre en una emisora clásica, eran señales inequívocas de que él estaba allí, ocupando la casa con su presencia tranquila y firme.
—¿Y eso que han venido a visitarme? —preguntó Louis desde la cocina, sin girarse aún—. Pensé que estarían cenando en algún bonito restaurante de la ciudad para celebrar que h