En los últimos días, los olores se habían vuelto más intensos para la nariz de Stella Ese día, la sala de espera olía a desinfectante y a algo ligeramente dulce, quizá el perfume de alguna de las mujeres sentadas allí.
Stella estaba sentada con la espalda recta, las manos entrelazadas sobre su regazo, moviendo apenas el pie derecho sin darse cuenta. Había leído ese mismo cartel tres veces sin procesar una sola palabra.
Cyrus, a su lado, fingía tranquilidad. Fingía muy mal.
Tenía el codo apoy