El consultorio olía a flores frescas y a té de menta. La luz tenue que se filtraba por las cortinas beige creaba una atmósfera tranquila, casi demasiado tranquila para el caos que Stella llevaba dentro. Sentada frente a su terapeuta, jugaba con el borde de su bufanda, girando la tela una y otra vez entre los dedos, sin saber muy bien por dónde empezar.
—¿Cómo te has sentido desde la última sesión, Stella? —preguntó la terapeuta con su tono sereno, mientras anotaba algo en su libreta.
Stella