Ya que todo parecía marchar bien y lo malo había quedado atrás, Stella y Cyrus empezaron a retomar su relación con normalidad.
Esa noche, Cyrus la invitó a cenar a un bonito restaurante de la ciudad, cálido y elegante, de esos que invitan a bajar la voz y a quedarse un poco más de lo planeado disfrutando de la compañía de su cita.
La luz tenue de las lámparas caía suavemente sobre las mesas, reflejándose en la cristalería y creando destellos tranquilos, casi íntimos. Afuera, la ciudad seguía viva, ruidosa, imparable, pero allí dentro todo parecía moverse a otro ritmo.
Stella observaba a Cyrus al otro lado de la mesa mientras él hablaba con el mesero, pidiendo vino y agradeciendo con una sonrisa educada. Lo miraba con una calma que meses atrás le habría parecido imposible. Ya no había ese miedo constante de que algo se rompiera, de que la felicidad fuera demasiado frágil para sostenerse. Ahora se sentía… segura.
Cyrus volvió a mirarla cuando quedaron solos y sonrió de esa forma qu