Ya que todo parecía marchar bien y lo malo había quedado atrás, Stella y Cyrus empezaron a retomar su relación con normalidad.
Esa noche, Cyrus la invitó a cenar a un bonito restaurante de la ciudad, cálido y elegante, de esos que invitan a bajar la voz y a quedarse un poco más de lo planeado disfrutando de la compañía de su cita.
La luz tenue de las lámparas caía suavemente sobre las mesas, reflejándose en la cristalería y creando destellos tranquilos, casi íntimos. Afuera, la ciudad seguía