Días después del juicio contra Shane, cuando todo parecía haber vuelto a la normalidad, Stella se encontraba en la habitual cita con su terapeuta.
Como siempre, el consultorio estaba envuelto en una calma agradable y constante, esa que Stella ya reconocía como un espacio seguro en el que podía relajarse y dejar que todo fluyera.
Stella tomó asiento en el sillón de siempre, cruzando las manos sobre su regazo. Había algo distinto en su postura. En su forma de respirar. En la manera en que ocupaba el espacio. Ahora se sentía más relajada que nunca... prácticamente normal.
La terapeuta la observó en silencio durante unos segundos, con una leve sonrisa profesional y cálida.
—Hoy te veo más relajada que antes —dijo finalmente—. Y feliz también.
Stella sonrió despacio.
—Me siento relajada... y muy feliz también.
La terapeuta asintió, invitándola a continuar.
Stella respiró hondo antes de empezar a hablar. No porque lo necesitara, sino porque sabía que lo que estaba a punto de decir