Stella llevaba más de veinte minutos frente al espejo sin realmente verse.
Sus manos descansaban sobre el borde del lavabo del baño, los dedos tensos, blancos por la presión. Había elegido una ropa sencilla: un pantalón oscuro, una blusa clara de manga larga y un abrigo discreto. Nada llamativo. Nada que pudiera interpretarse como un intento de agradar. Tampoco algo que pareciera una armadura. Solo… ella.
Pero aun así, sentía que nada era suficiente para el momento que estaba por enfrentar.