El departamento de Stella estaba en silencio.
Las cajas se alineaban junto a la pared, prolijas, numeradas, algunas cerradas y otras aún abiertas, dejando ver fragmentos de la corta etapa de su vida que había pasado allí: etapa que había iniciado el cambio de su vida.
Stella se quedó de pie en medio de la sala, respirando hondo.
La nostalgia la invadió en ese momento.
Ese departamento había sido su primer espacio seguro y feliz.
El sitio en el que había vuelto a sentir que tenía un hogar.
Cyrus apareció desde el pasillo con una caja mediana entre los brazos.
—¿Lista? —preguntó con una sonrisa suave, observándola con atención.
Stella asintió, devolviéndole la sonrisa.
—Sí —respondió—. Lo estoy.
Cyrus dejó la caja junto a las demás y se acercó a ella despacio. La miró como si quisiera grabarse ese momento: Stella a punto de irse a vivir formalmente con él y formar un hogar.
—¿Estás segura? —preguntó, aunque sabía la respuesta.
Ella levantó la mirada y sostuvo la