Stella no pudo evitarlo. Las palabras de Cyrus, su promesa, le habían tocado el corazón.
Con el pecho henchido de felicidad, se apoyó en una mano y se levantó, rodeando el cuello de Cyrus con el otro brazo, y lo besó con una mezcla de amor y pasión.
—Te amo tanto, Cyrus —susurró contra sus labios—. Amo cada dulce, tierna y amorosa pulgada protectora de ti.
El beso fue tornándose más duro, más profundo, necesitaba demostrarle lo agradecida que estaba por él, por todo lo que él le estaba dando.
Con manos urgidas, comenzó a quitarle la ropa y se fue inclinando hacia el suelo, de modo que quedó acostada y él sobre ella.
—Hazme el amor —le pidió con voz necesitada.
Él se separó, levantándose un poco y la miró por un segundo antes de sonreír y levantarla en brazos para llevarla a la habitación.
—Dicen que, para la buena suerte, el novio debe cargar a su novia en brazos para cruzar por primera vez el umbral de su hogar.
—Ya estamos adentro del hogar, listillo. Y eso solo es c