Stella no pudo evitarlo. Las palabras de Cyrus, su promesa, le habían tocado el corazón.
Con el pecho henchido de felicidad, se apoyó en una mano y se levantó, rodeando el cuello de Cyrus con el otro brazo, y lo besó con una mezcla de amor y pasión.
—Te amo tanto, Cyrus —susurró contra sus labios—. Amo cada dulce, tierna y amorosa pulgada protectora de ti.
El beso fue tornándose más duro, más profundo, necesitaba demostrarle lo agradecida que estaba por él, por todo lo que él le estaba da