El regreso a Nueva York tuvo un sabor a despedida y bienvenida al mismo tiempo.
Cuando el avión tocó tierra, Stella miró por la ventanilla con una sensación extraña en el pecho. No podía creer que habían pasado semanas desde que ella y Cyrus se habían ido de luna de miel, porque para ella se habían sentido como días.
Durante todas semanas había despertado en ciudades que hasta hacía poco solo existían en fotografías, en páginas de libros gastados, en sueños que jamás se había permitido tomars