Los siguientes días que estuvieron en Inglaterra se dedicaron a recorrer los pueblos más emblemáticos, visitaron castillos cubiertos de niebla, bibliotecas antiguas donde Stella caminaba en silencio reverente, y parques infinitos donde se sentaban en el césped a observar la vida pasar.
Una tarde, bajo un cielo nublado, ella apoyó la cabeza en su hombro.
—Gracias por traerme —le dijo—. Sé que no es el destino más romántico para muchos y mucho menos dignos para una luna de miel.
Cyrus besó su frente.
—Para mí lo es —respondió—. Porque es importante para ti y yo quería complacerte. Eso es más que romántico, además de tu compañía.
Stella sonrió y supo que era verdad.
Unos días después, el recorrido por Inglaterra terminó e Italia llegó como un contraste vibrante.
El sol, el ruido, los colores. Desde el primer momento, Stella sintió que el mundo se abría de otra manera. Roma los recibió con historia viva, con ruinas imponentes y calles llenas de vida. Allí, el amor se sentía