Un par de meses después, la rutina en Leroux Holdings había encontrado un ritmo nuevo, casi perfecto.
Stella y Cyrus se movían por la empresa como una sola mente dividida en dos cuerpos. Las reuniones fluían, las decisiones se tomaban con rapidez y precisión, y los resultados comenzaban a notarse. Ya no eran solo jefe y asistente, ni siquiera únicamente esposos; eran una dupla sólida, respetada, admirada por muchos, aunque pocos entendieran del todo cómo lograban compaginarlo todo con tanta n