Dentro de la casa, Stella aún tenía los ojos brillantes por la emoción. No podía dejar de sostener a Cyrus del brazo, como si temiera que al soltarlo él pudiera desaparecer. Caminó junto a él hasta la sala, mientras Louis cerraba la puerta con una sonrisa serena, satisfecho de verlo libre.
Stella, sin poder contener la urgencia, fue la primera en hablar.
—¿Cómo… cómo es que saliste tan pronto? —preguntó—. Se suponía que debías pasar veinticuatro horas detenido.
Cyrus dejó escapar un suspiro