Cuando Stella se despertó a la mañana siguiente, el olor del tocino quemó sus sentidos mientras salía de la cama vacía. Tardó unos segundos en recordar dónde estaba. No era su departamento ni el penthouse de Cyrus… sino la casa de Louis, donde había pasado la noche después de la pesadilla del día anterior.
Abrió los ojos por completo y respiró hondo. Lo más sorprendente era que no se sentía tan desanimada como había imaginado anoche. Una tristeza suave seguía pesándole el pecho por saber que