DORIAN
Su sonrisa se desvaneció un poco. —No es teatro. Es realidad. Bruno Santoro atacó mi casino. Y gracias a tu incompetencia, escapó. Ahora el ministro está furioso. Empieza a señalar a los culpables, y tu nombre, querido primo, está en lo alto de la lista. El viejo orden ya no te protege.
Ignoré su intento de provocación. Eran palabras huecas.
—¿Y qué propones? ¿Qué me esconda detrás de ti?
—Propongo una transición —dijo, entrelazando los dedos sobre el escritorio—. Estoy cansado de ser la